La mesa redonda clínico-epidemiológica de la tarde de ayer, bajo el título “¿Cómo prevenir desenlaces negativos en personas diagnosticadas de infección por VIH?”, despertó gran interés gracias a la concurrencia de tres ponentes de gran altura: la Dra. Mar Masiá, procedente de la Unidad de Enfermedades Infecciosas del Hospital General Universitario de Elche (Alicante); la Dra. Inés Suárez, del Grupo de Enfermedades Infecciosas del Hospital Universitario Infanta Sofía de Madrid; y el Dr. Joel Palefsky, profesor de la Universidad de California San Francisco (EE.UU.), considerado, como remarcó Antonio Antela, comoderador de la mesa junto a José Antonio Iribarren, “el padre del virus del papiloma humano”.

Mar Massiá, que centró su ponencia en la estratificación del riesgo de progresión de los pacientes de la consulta, planteó que no existe una adecuada predicción del riesgo con las escalas utilizadas en población general. “Es aconsejable -dijo- individualizar el control y la frecuencia de seguimiento de cada paciente de acuerdo a su riesgo específico”. Asimismo, la doctora abogó por el desarrollo de escalas predictoras adaptadas a personas que viven con VIH que incorporen biomarcadores específicos con los que identificar el riesgo de lesión orgánica o la lesión precoz y así poder monitorizar las intervenciones.

Uno de los momentos más interesantes de la mesa se vivió con la intervención de Inés Suárez, quien centró su intervención en acciones preventivas en la primera consulta. Manejando datos de CoRIS 2004-2017, Suárez llegó a la conclusión de que la medición de los parámetros de riesgo en cuestiones como la sífilis, el colesterol o la tensión arterial en personas diagnosticadas con VIH está muy lejos de los estándares deseables en las primeras consultas. Por otro lado, Suárez abordó la cuestión de la salud mental y la depresión de pacientes con VIH, aportando algunos datos preocupantes de algunos estudios realizados en países como Gran Bretaña o Italia. Pero sin duda el aspecto abordado con más profusión por la doctora del Infanta Sofía fue la perniciosa influencia del tabaco sobre las personas que viven con VIH. “El tabaco -explicó- es directamente responsable del 21% al 60% de las muertes por cualquier patología en pacientes que viven con VIH”. “VIH y tabaco es una tormenta perfecta, que favorece el desarrollo de eventos no-SIDA como el riesgo cardiovascular, el cáncer No Sida, la Neumonía o la EPOC”, añadió.

Por último, Inés Suárez animó a los infectólogos a tomar la iniciativa en la deshabituación tabáquica de las personas con VIH. En este sentido, remitió a un reciente estudio realizado sobre pacientes fumadores con VIH en Francia. Según el estudio, el 20% de los tratados por infectólogos mantenían la abstinencia después de la novena semana, frente a los tratados por expertos en tabaco, que sólo la mantenían en un 11%”.

La mesa fue cerrada por Joel Palefsky, de la Universidad de California San Francisco, quien centró su ponencia en una de sus grandes especialidades, el cáncer anal en personas con VIH.