La sesión plenaria de ayer, jueves día 8, se abrió con una interesante ponencia a cargo de María Luisa Alcaide, profesora de la División de Enfermedades Infecciosas del Miami Center for AIDS Research (CFAR) y que ha desarrollado una dilatada actividad investigadora sobre la incidencia del VIH en mujeres de diversos países de África. Según Alcaide, la mujer sigue siendo en cierto modo una gran olvidada en los tratamientos de prevención, y muy especialmente en los programas de Profilaxis de PreExposición (PrEP), más orientados hacia Hombres que practican Sexo con Hombres.

“La mujer representa prácticamente la mitad de los casos de infección por VIH en el mundo, llegando en el África Sub-sahariana hasta el 65%, especialmente en países como Sudáfrica o Zambia”, recordó Alcaide, señalando que la tasa se dispara especialmente en segmentos como los de las jóvenes con edades comprendidas entre los 15 y los 24 años, donde supone hasta 8 veces más.

La profesora del CFAR atribuye la fuerte incidencia del VIH en África, fundamentalmente, a dos factores: la desigualdad social y las normas socioculturales. Así, un estudio realizado en Zambia en 2016, sobre 800 entrevistas, reveló que hay una serie de condicionantes socioculturales que inciden de manera muy directa sobre la proliferación del VIH en esa comunidad: en primer lugar, el dominio del hombre; en segundo lugar, la tendencia al desarrollo de relaciones sexuales intergeneracionales y otros aspectos como el intercambio de sexo por bienes materiales; y en tercer lugar, la incapacidad de la mujer para negociar el uso de condones.

Junto a estos factores, hay también otro de raíz biológica, la disbiosis vaginal o vaginosis bacteriana, la causa más frecuente de los trastornos genitales en la mujer y que se asocia al aumento del riesgo de adquisición del VIH en un 30%. “Está demostrado a través de numerosos estudios -explicó Alcaide- que en países con alta tasa de VIH hay altas tasas también de vaginosis bacteriana”. Y esto es especialmente claro en África. La adquisiciónde vaginitis bacteriana parece estar relacioanda con las prácticas higiénicas y con otras costumbres como el empleo de productos para incrementar la sequedad vaginal, lo que puede contribuir a la inflamación del compartimento vaginal, una de las razones de la disbiosis vaginal. “Hay determinadas prácticas que son secretas dentro de algunas comunidades de África pero que son aceptadas y preferidas tanto por hombres como por mujeres”, según Alcaide, que provocan el desarrollo de vaginosis bacteriana. “Ante determinados comportamientos, es muy difícil intervenir”.

En este contexto, la Profilaxis de PreExposición (PrEP) se plantea como una de las opciones más idóneas en países de este perfil, en sus distintas variables: oral, tópico, inyectable, en anillos vaginales de larga duración, a través de implantes de ART o en anillos de Dapivirina.

Sin embargo, la eficacia de los tratamientos PrEP encuentra importantes resistencias, y sorprendentemente no sólo en el continente africano. Así, en Estados Unidos, del medio millón de mujeres potencialmente beneficiarias de estos tratamientos, sólo lo reciben unas 10.000. Asimismo, sólo un 10%-20% de las mujeres estadounidenses han oído hablar alguna vez de PrEP. La razón, en buena medida, tiene que ver con que estos programas están preferentemente enfocados al tratamiento de hombres que llevan a cabo prácticas homosexuales y no a las mujeres.

“La prevención del VIH en la mujer requiere no sólo medidas bioméidas eficaces, sino también de intervenciones que faciliten la adherencia, permitan a la mujer elegir entre lo que mejor se adapte a su situación, y cienten con el apoyo de la sociedad y las instituciones legales y sanitarias”, ha concluido.

Estudios observacionales vs ensayos clínicos

En la sesión plenaria de la mañana, María Luisa Alcaide compartió protagonismo con Miguel Hernán, catedrático de Bioestadística y Epidemiología de la Escuela de Salud Pública de Harvard, quien centró su exposici

ón en “Inferencia causal en estudios observacionales y ensayos clínicos”.

En su intervención, Hernán advirtió de forma razonada sobre las cautelas que deben mantenerse en relación con los “datos observacionales”, frente a los extraídos de ensayos clínicos. Los datos observacion

 

ales se extraen de cohortes epidemiológicas, de bases de datos de historias clínicas y de otras fuentes no analizadas ex profeso para una investigación sino ya existentes. En muchos casos, es imposible contar con ensayos clínicos, por lo que la única opción es contar con este tipo de datos. Sin embargo, como demostró en su exposición el catedrático de Harvard a través de varios ejemplos, la utilización de datos observacionales puede conducirnos a errores de interpretación y a conclusiones no precisas. “Los estudios observacionales se pueden usar para extender hallazgos obtenidos en ensayos clínicos, y también para el diseño de los propios ensayos clínicos. Sólo cuando no hay más remedio, porque no contamos con estos ensayos y debemos tomar decisiones clínicas, es cuando tenemos que recurrir a estos datos”, explicó.